No hay manera honrosa de salirse de la secta

En la revista La Atalaya del 15 de Noviembre de 1981, en el artículo “La expulsión… desde qué punto de vista verla”, los miembros del cuerpo gobernante de los Testigos de Jehová decidieron dar un paso más radical en su trato a los que deciden ya no pertenecer a su organización. Antes de la publicación de esta edición de 1981, los testigos de Jehová ya tenían prohibido asociarse con personas que hayan sido expulsadas de su organización. Esto implicaba, e implica actualmente, no darles ni el saludo. Sin embargo, a quienes ya no querían pertenecer a la secta por iniciativa propia, sí se les podía saludar. Pero a partir de ésta edición de 1981, el cuerpo gobernante decidió que todo testigo de Jehová trate a éste último grupo igual que a los expulsados. Es decir, a partir del 15 de Noviembre de 1981, los “desasociados”, aquellos que ya no quieren pertenecer a la secta jehovista, fueron considerados tan criminales como los expulsados.

Para entender el contexto de esta decisión, vamos a citar los párrafos del 7 hasta el 12 del artículo antes mencionado:

CÓMO TRATAR A LOS EXPULSADOS
7 Sin embargo, pueden surgir preguntas acerca de cómo tratar a alguien que antes era miembro de la congregación, pero que ha sido expulsado. Agradecemos el que Dios nos haya suministrado en su Palabra respuestas e instrucciones de las cuales podemos estar seguros de que son perfectas, rectas y justas.—Jer. 17:10; Deu. 32:4.

8 En una ocasión un hombre de la congregación corintia estuvo practicando inmoralidad, y evidentemente no mostraba arrepentimiento. Pablo escribió que a este hombre ‘se le debía quitar de en medio de ellos,’ porque era como un poco de levadura que podía hacer fermentar, o corromper, toda la masa. (1 Cor. 5:1, 2, 6) Pero, una vez que se le expulsara, ¿habría de tratársele como si simplemente fuera una persona común del mundo, con quien los cristianos pudieran encontrarse en la vecindad o en su vida diaria? Note lo que Pablo dijo.

9 “Les escribí que cesaran de mezclarse en la compañía de fornicadores, no queriendo decir enteramente con los fornicadores de este mundo o los avarientos y personas que practican extorsión o idólatras. De otro modo ustedes realmente tendrían que salirse del mundo.” (1 Cor. 5:9, 10) Estas palabras de Pablo revelan que él reconoció como realidad el hecho de que la mayoría de las personas con quienes tenemos trato en nuestros asuntos diarios son personas que nunca han conocido a Dios ni seguido Su camino. Puede que sean fornicadores, personas que practican extorsión o idólatras, de modo que no son personas con quienes los cristianos escogerían entrar en asociación estrecha y constante. No obstante, vivimos en este planeta en medio de la humanidad y quizás tengamos que estar cerca de estas personas y hablar con ellas en el trabajo, en la escuela y en la vecindad.

10 En el siguiente versículo Pablo contrasta esta situación con la forma en que deberían portarse los cristianos para con alguien que hubiera sido “hermano” cristiano, pero que hubiera sido expulsado de la congregación por haber cometido algún mal: “Mas ahora les estoy escribiendo que cesen de mezclarse en la compañía de [“que no os asociéis con,” Latinoamericana] cualquiera que llamándose hermano sea fornicador, o avariento, o idólatra, o injuriador, o borracho, o que practique extorsión, ni siquiera comiendo con tal hombre.”—1 Cor. 5:11.

11 La persona expulsada no es simplemente un hombre del mundo que no haya conocido a Dios ni seguido un modo de vivir piadoso. Más bien, ha conocido el camino de la verdad y la justicia, pero ha abandonado ese camino y ha persistido a tal grado en el pecado sin arrepentirse que se le ha tenido que expulsar. De modo que se le ha de tratar de modo diferente. Pedro comentó sobre cómo difieren del hombre común, “el hombre de la calle,” estos que antes eran cristianos. El apóstol dijo: “Si, después de haberse escapado de las contaminaciones del mundo por un conocimiento exacto del Señor y Salvador Jesucristo, se dejan envolver de nuevo en estas mismas cosas y son sojuzgados, las condiciones finales han venido a ser peores para ellos que las primeras. . . . Les ha sucedido el dicho del proverbio verdadero: ‘El perro ha vuelto a su propio vómito, y la cerda bañada a revolcarse en el fango.’”—2 Ped. 2:20-22; 1 Cor. 6:11.

12 Sí, la Biblia manda a los cristianos que no mantengan asociación o compañerismo con alguien que haya sido expulsado de la congregación. Por eso, los testigos de Jehová de habla inglesa apropiadamente aplican a la expulsión y el subsiguientemente evitar a tal malhechor impenitente el término “disfellowshiping,” que literalmente significa “privación o negación del compañerismo.” El hecho de que rehúsan tener compañerismo con la persona expulsada en todo nivel espiritual o social refleja lealtad a las normas de Dios y obediencia a su mandato dado en 1 Corintios 5:11, 13. Esto está de acuerdo con el consejo de Jesús en el sentido de que se debería considerar a tal persona de la misma manera como los judíos de aquel tiempo consideraban a un “hombre de las naciones.” Parece que por algún tiempo después de la muerte de los apóstoles los que profesaban el cristianismo siguieron el procedimiento bíblico. Pero, ¿cuántas iglesias hoy día cumplen con las instrucciones claras de Dios al respecto?

Note que el artículo de la Atalaya citó las palabra del Apóstol Pablo, en las que él dice que los cristianos no se deben asociar con un cristiano que “sea fornicador, o avariento, o idólatra, o injuriador, o borracho, o que practique extorsión”. Pero si alguien decide desasociarse de la organización de los testigos de Jehová porque ya no está de acuerdo con la manera de pensar de la secta, ¿debería considerársele igual que a un “fornicador, avariento, idólata, injuriador, borrado o extorsionador”?. Los párrafos 13 al 16 nos dicen que sí. Leamos éstos:

LOS QUE SE DESASOCIAN
13 Un cristiano pudiera debilitarse espiritualmente, tal vez por no estudiar la Palabra de Dios con regularidad, o porque tiene problemas personales o experimenta persecución. (1 Cor. 11:30; Rom. 14:1) Puede que tal persona deje de asistir a las reuniones cristianas. ¿Qué ha de hacerse? Recuerde que los apóstoles abandonaron a Jesús la noche en que él fue arrestado. No obstante, Cristo había instado a Pedro: “Una vez que hayas vuelto, fortalece a tus hermanos [quienes también abandonaron a Jesús].” (Luc. 22:32) Por eso, impulsados por amor, los ancianos cristianos y otros pudieran visitar y ayudar a este que se ha debilitado y ha caído en inactividad. (1 Tes. 5:14; Rom. 15:1; Heb. 12:12, 13) Pero es asunto diferente cuando una persona reniega de ser cristiano y se desasocia.

14 Alguien que haya sido verdadero cristiano pudiera renunciar al camino de la verdad y declarar que ya no se considera testigo de Jehová ni quiere que se le conozca como tal. Al ocurrir esta situación poco común, la persona está renunciando a su condición de cristiano, y está desasociándose deliberadamente de la congregación. El apóstol Juan escribió: “Ellos salieron de entre nosotros, pero no eran de nuestra clase; porque si hubieran sido de nuestra clase, habrían permanecido con nosotros.”—1 Juan 2:19.

15 O alguien pudiera renunciar a su lugar en la congregación cristiana mediante sus acciones, como, por ejemplo, si se hiciera parte de una organización cuyo objetivo fuera contrario a la Biblia, y que, por lo tanto, estuviera bajo el juicio de Jehová Dios. (Compare con Revelación 19:17-21; Isaías 2:4.) Por eso, si alguien que fuera cristiano optara por unirse a los que están bajo la desaprobación de Dios, sería apropiado el que mediante un anuncio breve la congregación reconociera que esa persona se ha desasociado y ya no es testigo de Jehová.

16 A las personas que deliberadamente rechazan la fe y las creencias de los testigos de Jehová y así se ponen entre los que ‘no . . . son de nuestra clase’ se les debe considerar y tratar, correctamente, como se considera y trata a los que han sido expulsados por cometer un mal.

Note que está muy claro que los testigos de Jehová se consideran los únicos verdaderos cristianos, ya que para ellos, abandonar las creencias de esta secta implica rechazar el cristianismo verdadero. Peor aún, esto de abandonar la secta lo igualan a haber cometido un mal. Es decir, no hay manera honorable de abandonarla. En estas declaraciones soberbias se puede percibir la gran inseguridad psicológica en la que se encuentra esta religión. De esta manera, el objetivo de tal radicalismo es separar a los miembros de la organización de quienes hayan abandonado la secta por haber encontrado algo falso o corrupto en ella.  Al  excluirlos,  inclusive  del saludo, consiguen  una manera muy eficaz de evitar que la mayoría  descubra el fraude organizacional. Esto lo podemos ver al leer los párrafos 21 al 23:

¿HABLAR CON UN EXPULSADO O DESASOCIADO?

21 ¿Querría decir acaso el sostener la justicia de Dios y apoyar su arreglo de expulsar a los malhechores que el cristiano no debería hablar en absoluto con algún expulsado, ni siquiera decirle “¡Hola!”? Algunos, teniendo presente el consejo de Jesús de amar a nuestros enemigos y de no ‘saludar a nuestros hermanos solamente’ se han preguntado acerca de esto.—Mat. 5:43-47.

22 En realidad, en su sabiduría Dios no trató de considerar toda situación posible. Lo que precisamos es captar el sentido de lo que Jehová dice acerca de cómo tratar a una persona expulsada, porque entonces podemos esforzarnos por sostener Su punto de vista. Mediante el apóstol Juan, Dios explica lo siguiente:
“Todo el que se adelanta y no permanece en la enseñanza del Cristo no tiene a Dios. . . . Si alguno viene a ustedes y no trae esta enseñanza, nunca lo reciban en casa ni le digan un saludo. Porque el que le dice un saludo es partícipe en sus obras inicuas.”—2 Juan 9-11.

23 El apóstol que dio esa advertencia sabia había estado en íntima asociación con Jesús y sabía bien lo que Cristo había dicho acerca de saludar a otros. También sabía que el saludo común de aquel tiempo era “Paz.” A diferencia de algún “enemigo” personal u hombre mundano en autoridad que se opusiera a los cristianos, la persona expulsada o desasociada que estuviera tratando de promover o justificar su modo de pensar apóstata o estuviera continuando en su conducta impía ciertamente no sería nadie a quien desear “Paz.” (1 Tim. 2:1, 2) Y todos sabemos por nuestra experiencia de años que el decir un sencillo “¡Hola!” a alguien puede ser el primer paso que lleve a una conversación y tal vez hasta a una amistad. ¿Quisiéramos dar ese primer paso respecto a una persona expulsada?

El esfuerzo por justificar la condena ostracista tiene un apoyo débil en la frase juanina de “si alguno viene a ustedes y no trae esta enseñanza ….ni le digan un saludo”. Porque hay enseñanzas de los testigos de Jehová que no tienen respaldo en el Nuevo Testamento. Una de ellas, por ejemplo, es el afirmar que solo 144000 pueden participar de la “cena del Señor”, es decir, del pan y el vino  que representan el cuerpo y la sangre de Cristo, lo cual está en clara contradicción con lo dicho en Juan 6:53-56. Por ejemplo, desde sus inicios esta organización religiosa consiguió adeptos por fijar fechas para el fin del mundo. Todas estas fechas han fracasado. Considerar la vacunación como un pecado y el rechazar las transfusiones de sangre han perjudicado las vidas de miles de testigos de Jehová.  Esto lo han notado muchos de los que se desasocian, y por eso los líderes  quieren silenciar,   no solo a quienes expulsan, sino a quienes ya no quieran ser miembros de la secta, y así, aislar intelectualmente a la masa jehovista que tiene el cerebro programado para obedecer sin dudar.

En la secta tampoco se permite manifestar pena a los expulsados y desasociados, para ésto se basa en ejemplos tomados del Antiguo Testamento, donde el dios Jehová muestra una enorme impiedad. La Atalaya del 15 de Noviembre del 2014, en el párrafo 5 del artículo “Seamos santos en todo aspecto de la vida”, dice lo siguiente:

parr5

Ya que los que se “desasocian” por inciativa propia son tratados igual que a los expulsados, podemos ver cómo ésta secta inculca la indiferencia y el odio a quienes ya han descubierto que ésta religión es un engaño. Es impresionante que ésta actitud intolerante sea considerada como requisito de santidad. Aunque los líderes jehovistas no tienen escrúpulos para sujetar a la masa creyente, el Antiguo Testamento les ayuda muy bien en sus propósitos fundamentalistas.

Por otro lado, los miembros del cuerpo gobernante incluso aprueban que esposos dentro de la secta se separen si uno de ellos se vuelve apóstata, y consideran  al cónyuge apóstata lo mismo que tener un esposo violento:

“….algunos cristianos casados han considerado que ciertas situaciones pueden justificar la separación, como que un esposo violento o apóstata ponga en peligro muy grave su vida o su espiritualidad.” (La Atalaya, Abril de 2017, Edición de Estudio, páginas 7 y 8, artículo: “Lo que prometes en voto págalo”)

Cabe resaltar que cuando la revista La Atalaya menciona la frase “algunos cristianos” solo se refiere a testigos de Jehová seguidores de la Sociedad Watchtower. Vemos pues, cómo los líderes de la secta estimulan la separación conyugal cuando uno de los cónyuges deja de creer en la falsedad de esta religión.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s