El libro de Jeremías no respalda a Jesús

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Los cristianos usan el libro de Jeremías para sustentar su doctrina que considera obsoleta la Ley de Moisés. La famosa Carta a los Hebreos, que algunos creen que fue escrita por Pablo, dice:

7 Si aquel primer pacto hubiera sido sin defecto, ciertamente no se habría procurado lugar para el segundo, 8 pues reprendiéndolos dice:
«Vienen días —dice el Señor—
en que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto.
9 No como el pacto que hice con sus padres
el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto.
Como ellos no permanecieron en mi pacto,
yo me desentendí de ellos —dice el Señor—.
10 Por lo cual, éste es el pacto que haré con la casa de Israel
después de aquellos días —dice el Señor—:
Pondré mis leyes en la mente de ellos,
y sobre su corazón las escribiré;
y seré a ellos por Dios
y ellos me serán a mí por pueblo.
11 Ninguno enseñará a su prójimo,
ni ninguno a su hermano, diciendo: “Conoce al Señor”,
porque todos me conocerán,
desde el menor hasta el mayor de ellos,
12 porque seré propicio a sus injusticias,
y nunca más me acordaré de sus pecados ni de sus maldades.»
13 Al decir «Nuevo pacto», ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece está próximo a desaparecer.

(Hebreos 8:7-12)

Aqui el autor de la carta a los Hebreos citó el capítulo 31 del libro de Jeremías, con la finalidad de mostrar a sus lectores que el Nuevo Pacto de Jesús reemplaza al Pacto de Jehová con Israel.
Sin embargo, los judíos dicen que Jeremías aqui no está diciendo que la ley de Moisés sería obsoleta, sino que sería renovada. Por otro lado, el libro de Jeremías tiene algunas particularidades. Leamos el destino que Jehová le promete al rey de Judá, Sedequías :

1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército, todos los reinos de la tierra bajo el señorío de su mano y todos los pueblos peleaban contra Jerusalén y contra todas sus ciudades. Dijo así: 2 «Esto ha dicho Jehová, Dios de Israel: Ve y habla a Sedequías, rey de Judá, y dile que así ha dicho Jehová: Yo entregaré esta ciudad al rey de Babilonia, el cual la entregará al fuego. 3 Y tú no escaparás de su mano, sino que ciertamente serás apresado y en su mano serás entregado. Tus ojos verán los ojos del rey de Babilonia, que te hablará cara a cara, y entrarás en Babilonia. 4 Con todo, oye palabra de Jehová, Sedequías, rey de Judá, porque así ha dicho Jehová acerca de ti: No morirás a espada. 5 En paz morirás, y así como quemaron especias por tus padres, los reyes primeros que fueron antes de ti, las quemarán por ti, y te endecharán diciendo: “¡Ay, señor!”, porque yo he hablado la palabra, dice Jehová.» (Jeremías 34:1-5)

Note que, según el libro de Jeremías, Jehová dijo que Sedequías no moriría al ser capturado y llevado al exilio en Babilonia, y que moriría en paz. Leamos ahora cómo después Jeremías relata
el final del rey Sedequías:

4 Aconteció, pues, a los nueve años de su reinado, en el mes décimo, a los diez días del mes, que vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, él y todo su ejército, contra Jerusalén, y acamparon contra ella. Por todas partes levantaron terraplenes para atacarla. 5 Y permaneció sitiada la ciudad hasta el undécimo año del rey Sedequías. 6 En el mes cuarto, a los nueve días del mes, cuando el hambre en la ciudad era ya tan grave que no había pan para el pueblo, 7 se abrió una brecha en el muro de la ciudad, y todos los hombres de guerra huyeron. Salieron de noche de la ciudad por el camino de la puerta entre los dos muros que había cerca del jardín del rey, y se fueron por el camino del Arabá mientras los caldeos mantenían su cerco a la ciudad. 8 Pero el ejército de los caldeos persiguió al rey hasta la llanura de Jericó. Allí dieron alcance a Sedequías, a quien todo su ejército había abandonado. 9 Entonces apresaron al rey y lo llevaron ante el rey de Babilonia, a Ribla, en tierra de Hamat, donde pronunció sentencia contra él. 10 Y degolló el rey de Babilonia a los hijos de Sedequías ante sus ojos; y también degolló en Ribla a todos los jefes de Judá. 11 A Sedequías, el rey de Babilonia le sacó los ojos, lo ató con grillos y lo hizo llevar a Babilonia, donde lo encarceló hasta el día de su muerte. (Jeremías 52:4-11)

¿A eso Jehová llama morir en paz? ¿Pudo Sedequías morir en paz después de todo lo que hizo el rey de babilonia contra su familia y contra él? Realmente Jehová es muy sarcástico.

Por otro lado, Jeremías profetizó contra el rey de Judá, Joacim, lo siguiente

18 Por tanto, así ha dicho Jehová acerca de Joacim hijo de Josías, rey de Judá:«No lo llorarán, diciendo:
“¡Ay, hermano mío!” y “¡Ay, hermana!”,
ni lo lamentarán, diciendo:
“¡Ay, señor! ¡Ay, majestad!”
19 En sepultura de asno será enterrado,
arrastrándolo y echándolo
fuera de las puertas de Jerusalén.

(Jeremías 22:18-19)

Pero según el libro de 2 de Reyes dice que Joacim fue enterrado con sus padres, lo que significa que sugiere una muerte en paz:

Joacim durmió con sus padres y en su lugar reinó Joaquín, su hijo. (2 Reyes 24:6)

En un capítulo posterior, Jeremías vuelve a profetizar contra Joacim maldiciendo a él y a su descendencia:

30 Por tanto, esto ha dicho Jehová acerca de Joacim, rey de Judá: No tendrá quien se siente sobre el trono de David, y su cuerpo será echado al calor del día y al hielo de la noche. 31 Castigaré su maldad en él, en su descendencia y en sus siervos. Traeré sobre ellos, sobre los habitantes de Jerusalén y sobre los hombres de Judá, todo el mal que les he anunciado y que no quisieron escuchar.”»(Jeremías 36:30-31)

Esto de que “no tendrá quien se siente sobre el trono de David” no se cumplió totalmente, porque como hemos leído antes (2 de Reyes 24:6), Joaquín, su hijo, también conocido como Jeconías o Conías, reinó en Jerusalén, por lo menos 3 meses:

Joaquín tenía dieciocho años cuando comenzó a reinar y reinó en Jerusalén tres meses. El nombre de su madre era Nehusta, hija de Elnatán, de Jerusalén. (2 de Reyes 24:8)

Por otro lado, la maldición contra la descendencia de Joacim desfavorece a los cristianos, ya que, según el Evangelio de Mateo, Jesús es descendiente de Salatiel, que es hijo  de Joaquín (o Jeconías):

11 Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia. 12 Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, y Salatiel a Zorobabel. (Mateo 1:11-12)

Según el Evangelio de Lucas, Jesús es descendiente de Salatiel,  aunque Lucas dice que Salatiel fue hijo de Neri:

23 Jesús, al comenzar su ministerio, era como de treinta años, hijo, según se creía, de José hijo de Elí 24 hijo de Matat, hijo de Leví, hijo de Melqui, hijo de Jana, hijo de José, 25 hijo de Matatías, hijo de Amós, hijo de Nahúm, hijo de Esli, hijo de Nagai, 26 hijo de Maat, hijo de Matatías, hijo de Semei, hijo de José, hijo de Judá, 27 hijo de Joana, hijo de Resa, hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de Neri, (Lucas 3:23-27)

No obstante, el libro de 1 de  Crónicas dice que Salatiel es hijo de Jeconías:

16 Los hijos de Joacim: Jeconías su hijo, hijo del cual fue Sedequías.17 Y los hijos de Jeconías: Asir, Salatiel,18 Malquiram, Pedaías, Senazar, Jecamías, Hosama y Nedabías.19 Los hijos de Pedaías: Zorobabel y Simei. Y los hijos de Zorobabel: Mesulam, Hananías, y Selomit su hermana; (1 de Crónicas 3:16-19)

Lo más probable es que Lucas le cambió el nombre al padre de Salatiel, para   ocultar  a sus lectores esta maldición de Jeremías. De esta manera, Neri es un nombre inventado por la fuente de Lucas, o por el mismo Lucas, para este propósito. Inclusive, Mateo coloca a Zorobabel como hijo de Salatiel, pero 1 de Crónicas nos dice que era su sobrino.

Lucas también dice que el ángel le dijo a María que Jesús asumiría el trono de David:

31 Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. 32 Éste será grande, y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33 reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su Reino no tendrá fin. (Lucas 1:31-33)

Pero según Jeremías, esto sería imposible, porque Jehová había decretado que la descendencia de Joacim sería maldecida. Jeremías enfatiza esto incluso para  el hijo de Joacim, Jeconías ( o Joaquín), a quien Jeremías llama Conías:

24 »¡Vivo yo, dice Jehová, que si Conías hijo de Joacim, rey de Judá, fuera anillo en mi mano derecha, aun de allí te arrancaría! 25 Te entregaré en manos de los que buscan tu vida, en manos de aquellos cuya vista temes; sí, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de los caldeos. 26 Os haré llevar cautivos, a ti y a tu madre que te dio a luz, a una tierra ajena en la que no nacisteis; y allá moriréis. 27 Y no volverán a la tierra a la cual ansían volver.
28 »¿Es este hombre, Conías, una vasija despreciada y quebrada?
¿Es un objeto sin valor para nadie?
¿Por qué fueron arrojados él y su generación
y echados a una tierra que no habían conocido?
29 ¡Tierra, tierra, tierra,
oye palabra de Jehová!»
30 Así ha dicho Jehová:
«Inscribid a este hombre
como privado de descendencia,
como un hombre sin éxito en todos sus días,
porque ninguno de su descendencia
logrará sentarse sobre el trono de David,
ni reinar sobre Judá.»

(Jeremías 22:24-30)

Entonces, según la profecía de Jeremías, Jesús no podrá nunca sentarse en el trono de David, si es que es descendiente de Joacim y Jeconías, tal como afirma el Evangelio de Mateo. Por lo tanto, el libro de Jeremías puede ser una espada de dos filos contra los cristianos. De hecho, los judíos tenían argumentos sólidos para cuestionar la genealogía de Jesús. Por este motivo,  Pablo  exhorta  en dos cartas a los cristianos a no discutir sobre “genaologías”:

Pero evita controversias necias, genealogías, contiendas y discusiones acerca de la ley, porque son sin provecho y sin valor. (Tito 3:9)

Al partir para Macedonia, te encargué que permanecieras en Éfeso y les ordenaras a algunos supuestos maestros que dejen de enseñar doctrinas falsas y de prestar atención a leyendas y genealogías interminables. Esas cosas provocan controversias en vez de llevar adelante la obra de Dios que es por la fe. (1 Timoteo 1:3-4)

Las genealogías que presentan los Evangelios son defectuosas y deshonestas, porque tenían la intención de mostrar a cualquier costo que Jesús era de la descendencia de David. Al parecer, por lo citado arriba, el apostol Pablo, si es que escribió esas cartas,  no les habría dado crédibilidad o importancia.

Algunos cristianos argumentan que esta maldición contra la descendencia de Joacim no afecta a Jesús, porque él nació solo de María por el Espíritu Santo, así no fue realmente  hijo de José quien desciende de Joacim. Entonces, María sería descendiente de David, sin pasar por la línea de Joacim. Si fuera así, ¿por qué Mateo y Lucas no mencionaron la genealogía de María?. De hecho, no hay ninguna prueba de que María descendía de David. Su prima Elizabet, era de la tribu de Leví, según Lucas. Peor aún, el linaje en aquellos tiempos se consideraba solo por el padre, no por la madre, ya que en aquella época se creía que el hombre completo se encontraba en el sperma del padre, y el vientre de la madre era solo un recipiente que lo guardaba.

Realmente, los cristianos cayeron en gran contradicción al querer probar que Jesús era del linaje de David, y que a su vez había nacido de María por Espíritu Santo. Sin embargo, estas creencias antagónicas podrían explicarse si admitimos que lo que muestran los Evangelios de Mateo y de Lucas son compilaciones de dos diferentes corrientes del cristianismo primitivo. Lo más probable es que  al principio la mayor parte de los cristianos judíos solo creía que Jesús era el Mesías  nacido de José. Por lo tanto, tuvieron que desarrollar  genealogías que muestren a los judíos que José era descendiente de David. Solo así podrían convencer a los judíos. Pero  produjeron genealogías contradictorias que solo les perjudicaban. Por otro lado, otros creían que Jesús es el  Divino Hijo de Dios que  existió antes de la creación del mundo, hecho humano por el Espíritu Santo, y así,  solo fue hijo adoptivo de José, pero esto   tornaba invalida cualquier  genealogía que mostrara que José  venía de David. No obstante, los evangelistas compilaron las dos corrientes  de pensamiento, sin pensar en sus contradicciones.

En el siglo III, el teólogo cristiano Orígenes de Alejandría, reconociendo con el anticristriano Celso que «algunos acogen a Jesús, pero quieren seguir viviendo según la ley de los judíos, como la muchedumbre de los judíos», dijo que existieron dos sectas de judíos ebionitas: «los que como nosotros admiten que Jesús nació de una virgen y los que, por el contrario, creen que no nació de ese modo, sino como todos los demás hombres»

 

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