El libro de Daniel: un fraude apocalíptico

 

Según el libro de Daniel, Daniel era uno de los tantos muchachos judíos exiliados que fueron llevados cautivos a Babilonia, después que el rey babilónico Nabucodonosor desolara la ciudad de Jerusalén en 587 a.C.
Es así como el libro de Daniel pretende haber sido escrito por Daniel o un contemporáneo en el siglo VI a.C., lo cual es falso por varias razones. Desde hace mucho que se sabe que el libro de Daniel no fue escrito siglo VI antes de Cristo, sino en el siglo II a.C. Esto indica que la mayoría de sus visiones proféticas que debían cumplirse en el siglo II a.C., ya habían sucedido, lo cual constituye un fraude. Primero leamos lo que dice la edición de 1911 Enciclopedia Britannica, en el volumen 7:

DANIEL, es el nombre dado a la figura central del libro bíblico de Daniel, que actualmente es generalizadamente considerado como una producción del tiempo de Antíoco Epifanes (175-164 a.C.).

De acuerdo a  la Enciclopedia Judaica, que utilizaremos en adelante, se dice lo siguiente:

La fecha de la escritura del libro puede ser deducida de las siguientes consideraciones: No fue escrito por uno de los exiliados, porque muchas porciones del texto no podrían haber sido compuestas por un contemporáneo del segundo rey del imperio babilónico y de sus sucesores inmediatos.

La Enciclopedia Judaica confirma lo que dice la Enciclopedia Britannica, a saber, que el libro de Daniel no pudo haberse escrito por alguien que vivió en la época de Nabucodonosor ni poco después. Por ejemplo, se sabe que el libro de Eclesiástico fue escrito por el judío Ben Sira a comienzos del siglo II a.C., y ahi el autor alaba a los hombres ilustres de su pueblo “según su sucesión” (cap. 44:1) y de “los doce profetas” (cap. 49:10), pero omite a Daniel. Algo muy extraño si es que el libro de Daniel hubiera existido en su época. Sobre esto, la Enciclopedia Judaica comenta lo siguiente:

Hasta Ben Sira dice expresamente (Eclesiástico. [Sirach], 49.15) que el nunca ha visto un hombre que sea como José, una afirmación que no podría haber sido hecha si hubiera conocido al libro de Daniel, ya que el libro de Daniel dice que éste fue un hombre asignado (como José) para ser el primer ministro por su habilidad de interpretar sueños.

Ciertamente, según el capítulo 2 del libro de Daniel, éste recibió gran poder político por el rey Nabucodonosor después que le interpretó un sueño:

Por consiguiente, el rey [Nabucodonosor] hizo de Daniel alguien grande, y muchas grandes dádivas le dio, y lo hizo el gobernante sobre todo el distrito jurisdiccional de Babilonia y el prefecto principal sobre todos los sabios de Babilonia. (Daniel 2:48)

Daniel interprets the dream of Nebuchadnezzar

Este pasaje es muy parecido a lo que se puede leer en el libro de Génesis (Génesis 41:37-43), donde José recibe gran autoridad del Faraón. Pero el hecho de que un judío culto tal como Ben Sira no mencione a Daniel, muestra que el tal Daniel era desconocido por lo judíos de comienzos del siglo II a.C. Lo cual prueba que es un personaje ficticio inventado después. Probablemente, el autor de Daniel quiso que este personaje  (el Daniel ficticio) tenga una semejanza con el mítico José.

Otra evidencia de que este libro no fue escrito ni por alguien que conoció a Nabucodonosor, ni por alguien que vivió la conquista de Babilonia por los persas, se puede deducir del capítulo 5 que citaremos completamente de la Nueva Versión Internacional:

1 El rey Belsasar ofreció un gran banquete a mil miembros de la nobleza, y bebió vino con ellos hasta emborracharse. 2-3 Mientras brindaban, Belsasar mandó que le trajeran las copas de oro y de plata que Nabucodonosor, su padre, había tomado del templo de Jerusalén. Y así se hizo. Le llevaron las copas, y en ellas bebieron el rey y sus nobles, junto con sus esposas y concubinas. 4 Ya borrachos, se deshacían en alabanzas a los dioses de oro, plata, bronce, hierro, madera y piedra.

5 En ese momento, en la sala del palacio apareció una mano que, a la luz de las lámparas, escribía con el dedo sobre la parte blanca de la pared. Mientras el rey observaba la mano que escribía, 6 el rostro le palideció del susto, las rodillas comenzaron a temblarle, y apenas podía sostenerse. 7 Mandó entonces que vinieran los hechiceros, astrólogos y adivinos, y a estos sabios babilonios les dijo:

—Al que lea lo que allí está escrito, y me diga lo que significa, lo vestiré de púrpura, le pondré una cadena de oro en el cuello, y lo nombraré tercer gobernante del reino.

8 Todos los sabios del reino se presentaron, pero no pudieron descifrar lo escrito ni decirle al rey lo que significaba. 9 Esto hizo que el rey Belsasar se asustara y palideciera más todavía. Los nobles, por su parte, se hallaban confundidos.

10 Al oír el alboroto que hacían el rey y sus nobles, la reina misma entró en la sala del banquete y exclamó:

—¡Que viva Su Majestad por siempre! ¡Y no se alarme ni se ponga pálido! 11 En el reino de Su Majestad hay un hombre en quien reposa el espíritu de los santos dioses. Cuando vivía el rey Nabucodonosor, padre de Su Majestad, se halló que ese hombre poseía sabiduría, inteligencia y gran percepción, semejantes a las de los dioses. El padre de Su Majestad llegó a nombrar a ese hombre jefe de los magos, hechiceros, astrólogos y adivinos. 12 Y es que ese hombre tiene una mente aguda, amplios conocimientos, e inteligencia y capacidad para interpretar sueños, explicar misterios y resolver problemas difíciles. Llame usted a ese hombre, y él le dirá lo que significa ese escrito. Se llama Daniel, aunque el padre de Su Majestad le puso por nombre Beltsasar.

13 Daniel fue llevado a la presencia del rey, y éste le preguntó:

—¿Así que tú eres Daniel, uno de los exiliados que mi padre trajo de Judá? 14 Me han contado que en ti reposa el espíritu de los dioses, y que posees gran agudeza e inteligencia, y una sabiduría sorprendente. 15 Los sabios y hechiceros se presentaron ante mí para leer esta escritura y decirme lo que significa, pero no pudieron descifrarla. 16 Según me han dicho, tú puedes dar interpretaciones y resolver problemas difíciles. Si logras descifrar e interpretar lo que allí está escrito, te vestiré de púrpura, te pondré una cadena de oro en el cuello, y te nombraré tercer gobernante del reino.

17 —Su Majestad puede quedarse con sus regalos, o dárselos a otro —le respondió Daniel—. Yo voy a leerle a Su Majestad lo que dice en la pared, y le explicaré lo que significa.

18 »El Dios Altísimo dio al rey Nabucodonosor, padre de usted, grandeza, gloria, majestad y esplendor. 19 Gracias a la autoridad que Dios le dio, ante él temblaban de miedo todos los pueblos, naciones y gente de toda lengua. A quien él quería matar, lo mandaba matar; a quien quería perdonar, lo perdonaba; si quería promover a alguien, lo promovía; y si quería humillarlo, lo humillaba. 20 Pero, cuando su corazón se volvió arrogante y orgulloso, se le arrebató el trono real y se le despojó de su gloria; 21 fue apartado de la gente y recibió la mente de un animal; vivió entre los asnos salvajes y se alimentó con pasto como el ganado; ¡el rocío de la noche empapaba su cuerpo! Todo esto le sucedió hasta que reconoció que el Dios Altísimo es el soberano de todos los reinos del mundo, y que se los entrega a quien él quiere.

22 »Sin embargo, y a pesar de saber todo esto, usted, hijo de Nabucodonosor, no se ha humillado. 23 Por el contrario, se ha opuesto al Dios del cielo mandando traer de su templo las copas, para que beban en ellas usted y sus nobles, y sus esposas y concubinas. Usted se ha deshecho en alabanzas a los dioses de oro, plata, hierro, madera y piedra, dioses que no pueden ver ni oír ni entender; en cambio, no ha honrado al Dios en cuyas manos se hallan la vida y las acciones de Su Majestad. 24 Por eso Dios ha enviado esa mano a escribir 25 lo que allí aparece: Mene, Mene, Téquel, Parsin.

26 »Pues bien, esto es lo que significan esas palabras:

» Mene: Dios ha contado los días del reino de Su Majestad, y les ha puesto un límite.

27 » Téquel: Su Majestad ha sido puesto en la balanza, y no pesa lo que debería pesar.

28 » Parsin: El reino de Su Majestad se ha dividido, y ha sido entregado a medos y persas.

29 Entonces Belsasar ordenó que se vistiera a Daniel de púrpura, que se le pusiera una cadena de oro en el cuello, y que se le nombrara tercer gobernante del reino. 30 Esa misma noche fue asesinado Belsasar, rey de los babilonios, y Darío el Persa se apoderó del reino. 31 Para entonces, Darío tenía sesenta y dos años.

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Lo citado muestra dos errores sobre la historia de Babilonia que no se podría haber cometido por alguien que sirvió en la corte de Nabucodonosor y que vivió la conquista de Babilonia. El primer error es afirmar que Belsasar fue hijo de Nabucodonosor. Belsasar fue hijo del rey Nabonido, quien le encargaba el comando de su reino durante sus ausencias en Babilonia, tal como lo atesta una crónica cuneiforme llamada “El Cilindro de Nabonido”. Los reyes de Babilonia que sucedieron a Nabucodonosor fueron:

Amel-Marduk (562 – 560 a.C.)

Neriglissar (560 – 556 a.C.)

Labashi-Marduk (556 a.C.)

Nabonido (556 – 539 a.C.)

Entonces, realmente el último rey de Babilonia, antes de la conquista persa fue Nabonido, y Belsasar, su hijo, actuaba como rey sustituto cuando su padre estaba lejos de la capital. Belsasar no fue hijo de Nabucodonosor. De esta manera, el error del libro de Daniel es típico del siglo II a.C. Por ejemplo, en el libro de Baruc, que fue escrito en el tiempo de los Macabeos (siglo II a.C.), se menciona que Belsasar es hijo directo de Nabucodonosor:

Rogad por la vida de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y por la vida de su hijo Baltasar, para que sean sus días como los días del cielo sobre la tierra. (Baruc 1:11)

Por lo tanto, el autor del libro de Daniel se dejó influenciar por sus contemporáneos al escribir que Belsasar fue hijo de Nabucodonosor. Inclusive, la Enciclopedia Judaica dice:

En adición a todo esto, no hay evidencia que Belsasar estuviera relacionado con Nabucodonosor. Nabonido, su padre, fue el hijo de un hombre de la nobleza, Nabu-balatsu-ikbi, y fue probablemente un usurpador contra la antigua casa de Nabucodonosor.

Porque Amel-Narduk fue hijo de Nabucodonosor, y fue asesinado por Neriglissar, su medio hermano, quien asumió el trono. Después fue sucedido por su hijo Labashi-Marduk, cuando era todavía un niño, y nueve meses después fue asesinado en una conspiración por Nabonido, quien se proclamó rey.

Otro error lo hemos leído  al final del capítulo 5 de Daniel, donde se menciona que la misma noche en que fue conquistada la ciudad de Babilonia por Ciro el persa, asumió como rey de Babilonia Dario el Medo. Sin embargo, tal Darío el Medo, considerado en el libro de Daniel como hijo de Asuero (Daniel 9:1) es un personaje desconocido. La Enciclopedia Judaica nos dice:

El Asuero de Daniel ix. 1, el padre de Darío “de la simiente de los Medos”, es tan desconocido en la historia como su hijo. Probablemente ambos provienen de ideas confusas sobre los reyes de Persia por un escritor mal informado (ver “Journal of Bibl. Lit.” xvii. 71).

No fue el ficticio Darío el Medo quien recibió el reino babilónico, tal como lo cuenta el libro de Daniel, sino Ciro el Persa. Una inscripción cuneiforme escrita en Babilonia durante los primeros años del reino de Ciro dice que el dios babilónico Marduk le dio el reino a Ciro después de Nabonido:

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(Marduk) le ordenó (a Ciro) que fuera a Babilonia e hizo que tomara el camino de Babilonia. Como amigo y compañero caminó a su lado.
Sus numerosas huestes, cuya cantidad era inmensa como el agua de un río, marchaban con sus armas a su lado. Sin combate y sin lucha le permitió entrar en la ciudad de Babilonia. Salvó a Babilonia de la opresión. A Nabonido, el rey que no lo honraba, lo puso en sus manos.
Todos los habitantes de Babilonia, el país de Sumer y el país de Acad en su totalidad, príncipes y gobernadores se postraron  ante él, besaron sus pies, se alegraron de que fuera el rey; sus rostros estaban resplandecientes.

Por lo tanto  los babilonios ni conocían a un tal Darío el Persa que haya recibido el reino después de Nabonido.

Fecha de Composición y Propósito

Todo indica que el libro de Daniel fue escrito en el período Macabeo. Los macabeos constituyeron un movimiento judío de liberación, que luchó y consiguió la independencia de Antíoco IV, o Antíoco Epífanes. Este era un rey Seleucida que organizó una expedición contra Jerusalén, la cual saqueó. Según el Libro de los Macabeos que está en las biblias católicas, Antíoco IV promulgó varias ordenanzas de tipo religioso: trató de suprimir el culto al dios Yahveh, prohibiendo la religión judaica, mandó que los judíos comieran alimentos considerados por ellos como impuros y trató de establecer el culto a los dioses griegos. Pero el sacerdote judío Matatías y sus dos hijos llamados Macabeos consiguieron levantar a la población en su contra y lo expulsaron. La fiesta judía de Janucá conmemora este hecho. Justamente, estos hechos están mejor descritos en las visiones del libro de Daniel, lo cual señala que el autor vivió en la época de la rebelión macabea (siglo II a.C.) y no en el siglo VI a.C. La Enciclopedia Judaica nos dice:

El libro de Daniel fue escrito durante las persecuciones de Israel por el rey sirio Antíoco Epífanes. Esto se apoya por la siguiente información: El reino que es simbolizado por el macho cabrío (viii. 5 et seq.) es expresamente denominado como “el rey de Yawan”-que es, el reino de Grecia (viii.21) el gran cuerno siendo su primer rey, Alejandro el Magno (definitivamente establecido en Seder “Olam R. xxx.), y el cuerno pequeño Antíoco Epífanes (175-174 a.C.). Este reino persiguió al ejército de santos “en 2300 tardes y mañanas” (viii. 14, R. V.); que es, “mitad de los días”, o 1150 días; y Epífanes de hecho, profanó el santuario de Jerusalén más o menos por ese período de tiempo, desde el mes de Kislev 15, 168 a.C., a Kislev 25, 165 a.C. (I Macc. i. 57, iv. 52).

La enciclopedia se refiere a la visión del capítulo 8 de Daniel que citaremos a continuación

1 En el año tercero del reinado del rey Belsasar, se me apareció a mí, Daniel, una visión, después de aquella que se me había aparecido anteriormente. 2 Cuando miré en la visión, sucedió que al mirar, yo me encontraba en la ciudadela de Susa, que está en la provincia de Elam, y vi en la visión que yo estaba junto al río Ulai. 3 Alcé, pues, mis ojos y miré, y he aquí que un carnero estaba delante del río. Tenía dos cuernos, y los dos cuernos eran altos, pero uno era más alto que el otro, y el más alto creció el último. 4 Vi al carnero dando cornadas al oeste, al norte y al sur, y ninguna bestia podía mantenerse en pie delante de él, y nadie podía librarse de su poder. Hacía lo que quería, y se engrandeció.

5 Estando yo observando, he aquí, un macho cabrío venía del occidente sobre la superficie de toda la tierra sin tocar el suelo; el macho cabrío tenía un cuerno prominente entre los ojos. 6 Se dirigió al carnero que tenía los dos cuernos, que yo había visto parado delante del río, y lo acometió con la furia de su poder. 7 Lo vi venir junto al carnero, y enfurecido contra él, hirió al carnero y le rompió los dos cuernos, y el carnero no tenía fuerza para mantenerse en pie delante de él; lo arrojó en tierra y lo pisoteó, y no hubo nadie que librara al carnero de su poder. 8 El macho cabrío se engrandeció sobremanera, pero en cuanto llegó a ser poderoso, el gran cuerno se le rompió, y en su lugar le salieron cuatro cuernos prominentes hacia los cuatro vientos del cielo.

9 Y de uno de ellos salió un cuerno pequeño, que creció mucho hacia el sur, hacia el oriente y hacia la Tierra Hermosa [la tierra de los Judíos]. 10 Creció hasta el ejército del cielo, e hizo caer a la tierra parte del ejército y de las estrellas, y las pisoteó. 11 Se engrandeció hasta igualarse con el Jefe del ejército, le quitó su sacrificio continuo y fue derribado el lugar de su santuario. 12 Y el ejército será entregado al cuerno junto con el sacrificio continuo a causa de la transgresión; arrojará por tierra la verdad y hará su voluntad y prosperará. 13 Oí entonces hablar a un santo, y otro santo dijo al que hablaba: ¿Hasta cuándo durará la visión del sacrificio continuo, de la transgresión que espanta, y de que el lugar santo y el ejército sean pisoteados? 14 Y le respondió: Por dos mil trescientas tardes y mañanas; entonces el lugar santo será restaurado.

15 Y sucedió que después que yo, Daniel, había visto la visión, y trataba de comprenderla, he aquí, vi de pie, ante mí, uno con apariencia de hombre. 16 Y oí una voz de hombre entre las márgenes del Ulai, que gritaba y decía: Gabriel, explícale a éste la visión. 17 El se acercó adonde yo estaba, y cuando llegó, me aterroricé y caí sobre mi rostro, pero él me dijo: Entiende, hijo de hombre, que la visión se refiere al tiempo del fin. 18 Mientras él hablaba conmigo, caí en un sueño profundo con mi rostro en tierra; él me tocó y me hizo incorporar donde yo estaba. 19 Y dijo: He aquí, te voy a dar a conocer lo que sucederá al final de la ira, porque se refiere al tiempo señalado del fin. 20 El carnero que viste, con los dos cuernos, representa a los reyes de Media y de Persia. 21 Y el macho cabrío peludo representa al reino de Grecia, y el cuerno grande que está entre sus ojos es el primer rey. 22 Y el cuerno roto y los cuatro cuernos que salieron en su lugar representan cuatro reinos que se levantarán de su nación, pero no con su poder.

23 Y al final de su reinado,
cuando los transgresores se acaben,
se levantará un rey,
insolente y hábil en intrigas.
24 Su poder será grande, pero no por su propio poder;
destruirá en forma extraordinaria,
prosperará y hará su voluntad;
destruirá a los poderosos y al pueblo santo.
25 Y por su astucia
hará que el engaño prospere por su influencia;
él se engrandecerá en su corazón,
y destruirá a muchos que están confiados.
Aun se levantará contra el Príncipe de los príncipes,
pero será destruido sin intervención humana.
26 Y la visión de las tardes y de las mañanas
que ha sido relatada, es verdadera;
pero tú, guarda en secreto la visión,
porque se refiere a muchos días aún lejanos.

27 Yo, Daniel, me sentí agotado y enfermo algunos días. Después me levanté y atendí los asuntos del rey; pero yo estaba espantado a causa de la visión, y no había nadie que la interpretara.

El gran cuerno grande que está entre los ojos del macho cabrío es Alejandro Magno, porque dice que se rompió  y “en su lugar le salieron cuatro cuernos prominentes”. Alejandro era de Macedonia, pero a su imperio se le denomina Imperio Griego pues la cultura y civilización griega dominaron su vida. Cuando murió Alejandro Magno, su imperio se dividió en sus cuatro generales (Casandro, Lisímaco, Seleuco y Ptolomeo). Cabe destacar que Seleuco obtuvo control sobre la parte norte de Siria, y a partir de él se estableció la dinastía Seleucida. Ptolomeo controló Egipto y estableció la dinastía de los Ptolomeos. Recordemos que Siria y Egito están al norte y al sur de Jerusalén, respectívamente. Por eso el capítulo 11 de Daniel se refiere a los monarcas Seleucidas y Ptolomeos, como el rey del norte y el rey del sur.

En el año 167 a.C. Antíoco IV (rey seleucida) envió a su general Apolonio para que convirtiera al Helenismo a los judíos. Apolonio, general a fin de cuentas, ocupó Jerusalén, derribó la muralla, construyó una ciudadela en la Ciudad de David, la parte antigua de Jerusalén, la llenó de tropas, emitió un bando por todo Judea prohibiendo la religión judía y construyó un altar a lo griego en el patio del Templo, en lugar del que había. El Templo de Jerusalén pasaba a ser el Templo a Zeus Olímpico, siendo Antíoco IV Epífanes la manifestación viva de Zeus.  Esto explica la frase de la visión de Daniel que se refiere a Antíoco IV, que dice que “se engrandeció hasta igualarse con el Jefe del ejército, le quitó su sacrificio continuo y fue derribado el lugar de su santuario”. El sacrificio continuo era el ritual religioso judaico de ofrecerle en sacrificio al dios Yahvé, en el templo de Jerusalén, los animales estipulados por la ley mosaica.

Esta historia de la lucha macabea contra Antíoco IV es tan precisa en el libro de Daniel  que parece una profecía perfecta. Sin embargo, cuando el angel Gabriel le dice a Daniel que “la visión se refiere al tiempo del fin” (Daniel 8:17), todo indica que el autor del libro creía o quería hacer creer a sus lectores, que los sucesos de la opresión seleucida contra Jerusalén marcaban el final de los tiempos.  Además de esta creencia, el judío que escribió el libro de Daniel tuvo el propósito de inventar estas visiones ficticias para  consolar y dar fuerza al pueblo judío que estaba siendo presionado a dejar su religión para obedecer los caprichos de Antíoco. Es así que inventó a un Daniel que vivió en tiempos de Nabucodonosor,  que tenía el privilegio de ver visiones proféticas de lo que sucedería durante la guerra macabea. Esto explica porqué en el capítulo 1,  Daniel y sus compañeros rechazaron los alimentos “impuros” que se les ofrecía en la corte de Nabucodonosor. El autor quiso dar un ejemplo para que los judíos no comieran los alimentos prohibidos por su ley, que Antíoco les obligaba. También  por causa de esto  se creó la historia del capítulo 3, donde Nabucodonosor obligó a todos a adorar a un ídolo de oro, y tres hebreos valiéntemente arriesgaron sus vidas desobedeciendo la orden real para no violar su adoración exclusiva a Yahvé. Esta historia ficticia sirvió para darle fuerza a quienes se oponían a adorar al ídolo pagano que  Antíoco Epífanes colocó en el tempo de Jerusalén.

Otra aparente gran precisión “profética” la tenemos en el capítulo 11 de Daniel, en una porción que dice respecto al rey del norte  (Antíoco IV) lo siguiente:

30 Y ciertamente vendrán contra él [rey del norte] las naves de Kitim, y tendrá que sentirse desalentado. Y realmente volverá y arrojará denunciaciones contra el pacto santo y actuará eficazmente; y tendrá que volver, y dará consideración a los que dejan el pacto santo. 31 Y habrá brazos que se levantarán, procedentes de él; y realmente profanarán el santuario, la plaza fuerte, y removerán el sacrificio continuo. Y ciertamente pondrán en el lugar la abominación desoladora que está causando desolación. 32 Y a los que actúan inicuamente contra el pacto, los conducirá a apostasía mediante palabras melosas. Pero en lo que respecta al pueblo que conoce a su Dios, ellos prevalecerán y actuarán eficazmente. (Daniel 11:30-32)

Estos hechos están bien descritos en el primer y segundo libro de los Macabeos:

 52 Mucha gente del pueblo, todos los que abandonaban la Ley, se unieron a ellos y causaron un gran daño al país,  53 obligando a Israel a esconderse en toda clase de refugios. 54 El día quince del mes de Quisleu, en el año ciento cuarenta y cinco, el rey hizo erigir sobre el altar de los holocaustos la Abominación de la desolación. También construyeron altares en todos las ciudades de Judá.  (1 de Macaebos 1:52-54)

11. Cuando llegaron al rey noticias de lo sucedido, sacó la conclusión de que Judea se separaba; por eso regresó de Egipto, rabioso como una fiera, tomó la ciudad por las armas,

12. y ordenó a los soldados que hirieran sin compasión a los que encontraran y que mataran a los que subiesen a los terrados de las casas.

13. Perecieron jóvenes y ancianos; fueron asesinados muchachos, mujeres y niños, y degollaron a doncellas y niños de pecho.

14. En sólo tres días perecieron 80.000 personas, 40.000 en la refriega y otros, en número no menor que el de las víctimas, fueron vendidos como esclavos.

15. Antíoco, no contento con esto, se atrevió a penetrar en el Templo más santo de toda la tierra, llevando como guía a Menelao, el traidor a las leyes y a la patria.

(2 Macabeos 5:11-15)

Note que hubieron judíos que traicionaron el “pacto” de su ley, al unirse a Antíoco, por lo tanto “fueron conducidos a apostasía”. Y la “abominación desoladora” que se colocó después de ser “removido el sacrificio continuo”, es decir, al remover los sacrificios del templo de Jerusalén estipulados por la ley de Moisés, se refiere a  un altar pagano, probablemente con una imagen que representaba a Zeus colocada por orden de Antíoco. Algo abominable y desolador para los judíos.

zeus worship

En el Primer libro de los Macabeos leemos lo siguiente:

“El rey publicó un edicto en todo su reino ordenando que todos formaran un único pueblo y abandonara cada uno sus peculiares costumbres. Los gentiles acataron todos el edicto real y muchos israelitas aceptaron su culto, sacrificaron a los ídolos y profanaron el sábado . . . Debían suprimir en el santuario holocaustos, sacrificios y libaciones; profanar sábados y fiestas; mancillar el santuario y lo santo; levantar altares, recintos sagrados y templos idolátricos; sacrificar puercos y animales impuros; dejar a sus hijos incircuncisos; volver abominables sus almas con toda clase de impurezas y profanaciones, de modo que olvidasen la Ley y cambiasen todas sus costumbres. El que no obrara conforme a la orden del rey, moriría” (1 Macabeos 1:41-50).

En relación a  esto que Antíco IV hizo, referente a  obligar a cambiar la Ley de Moisés que los judíos consideran divina, y de cambiar sus días festivos sagrados,  una porción “profética” del capítulo 5 de Daniel dice sobre Antíoco lo siguiente:

Y hablará hasta palabras contra el Altísimo, y hostigará continuamente a los santos mismos del Supremo. Y tendrá intención de cambiar tiempos y ley, y ellos serán dados en su mano por un tiempo, y tiempos y la mitad de un tiempo. (Daniel 7:25)

Los “santos del Supremo” se refiere   al pueblo judío  fiel que se resistió a Antíoco.  Los tres tiempos y medio, deben significar tres año y medio. La rededicación del templo fue en Diciembre del 165 a.C., después de que los judíos derrotaron a Antíoco en el mes de Kislev (1 Mac. 4:52). Por eso la fiesta judía de Janucá es el 25 del mes de Kislev.   El ataque inicial de Antíoco sobre Jerusalén fue en el año 170 a.C., pero la prohibición del culto y la devastación del templo no comenzó hasta dos años después, osea, en el año 168 a.C. (1 Mac. 1:20). La rededicación del templo ocurrió en el aniversario de su profanación, entonces los judíos sufrieron sin su culto por 3 años exactos, segun los libros de Macabeos. El medio año que falta debe incluir los meses que precedieron a la profanación. Los 3 tiempos y medio no concuerda exáctamente, solo aproximadamente con los hechos.

Sin embargo, cuando el autor del libro de Daniel quiere profetizar realmente, ahi falla. Una muestra de esto se puede ver en el capítulo 11 de Daniel. En los versículos 3 al 35 se relatan con extraordinario detalle los sucesos del imperio griego desde Alejandro hasta Antíoco Epífanes. Los versículos del 36 al 39,  dedican también con buena precisión acontecimientos relacionados a Antíoco Epífanes, pero en los versículos del   40 al 45 el autor se aventura a predecir el final del “rey del norte” (de Antíoco Epífanes), pero nada de lo descrito sucedió. Veamos, Antíoco IV conquistó parcialmente Egipto, porque una parte de Egipto no quiso reconocer su soberaría. Entonces Antíoco volvió a Egipto para acabar con esa rebelión. Por eso Daniel dice  :

29 Al tiempo señalado volverá al sur; mas no será la postrera venida como la primera.

30 Porque vendrán contra él naves de Quitim, y él se contristará, y volverá, y se enojará contra el pacto santo, y hará según su voluntad; volverá, pues, y se entenderá con los que abandonen el santo pacto.

31 Y se levantarán de su parte tropas que profanarán el santuario y la fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio, y pondrán la abominación desoladora.

32 Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto; mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará.

(Daniel 11:29-32)

Esto realmente sucedió así. Porque aunque Antíoco volvió al sur (Egipto), emisarios de la fuerza naval de Roma (las naves de Quitim) le dijeron que ésta no quería que Antíoco ataque de nuevo a Egipto. Y como Antíoco temía a Roma, se “contristó” y por eso decidió regresar a su ciudad Antioquía, con el rabo entre las piernas. Sin embargo, en el camino de regreso año 168 a.C.), fue a Jerusalén para plantearle al sumo sacerdote Menelao (un títere nombrado por Antíoco mismo) que los judiós debían unirse uniformemente a la cultura griega, lo cual incluía adorar a sus dioses. Menelao aceptó, y por su puesto fue considerado un apóstata por los judíos fieles a su religión.  De esta manera Antíoco se entendió con “los que abandonan el pacto santo”.  De esta manera, al año siguiente, en 167 a.C., Apolonio, general de Antíoco, fue a Jerusalén para prohibir la religón judía y el Templo de Jerusalén pasó a ser el Templo a Zeus Olímpico, siendo Antíoco IV Epífanes la manifestación viva de Zeus. Por eso Daniel dice:

36 Y el rey hará su voluntad, y se ensoberbecerá, y se engrandecerá sobre todo dios; y contra el Dios de los dioses hablará maravillas, y prosperará, hasta que sea consumada la ira; porque lo determinado se cumplirá. 37 Del Dios de sus padres no hará caso, ni del amor de las mujeres; ni respetará a dios alguno, porque sobre todo se engrandecerá. (Daniel 11:36-37)

Y es cierto, porque Antíoco IV  no consideró  al dios Apolo, que era el dios patrono de su familia. Inclusive mandó a acuñar monedas colocándose como igual al dios Zeus:

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No obstante, a partir del versículo 40 Daniel dice:

40 Pero al cabo del tiempo el rey del sur contenderá con él; y el rey del norte se levantará contra él como una tempestad, con carros y gente de a caballo, y muchas naves; y entrará por las tierras, e inundará, y pasará.

41 Entrará a la tierra gloriosa, y muchas provincias caerán; mas éstas escaparán de su mano: Edom y Moab, y la mayoría de los hijos de Amón.

42 Extenderá su mano contra las tierras, y no escapará el país de Egipto.

43 Y se apoderará de los tesoros de oro y plata, y de todas las cosas preciosas de Egipto; y los de Libia y de Etiopía le seguirán.

44 Pero noticias del oriente y del norte lo atemorizarán, y saldrá con gran ira para destruir y matar a muchos.

45 Y plantará las tiendas de su palacio entre los mares y el monte glorioso y santo; mas llegará a su fin, y no tendrá quien le ayude.

(Daniel 11:40-45)

Contrario a lo que dicen estos versículos, Antíoco (el rey del norte) no volvió a atacar  Egipto (el rey del sur) por segunda vez, y mucho menos lo conquistó, porque Roma se lo habría impedido,   y no se estableció en Palestina (entre los mares y el monte glorioso (Sión)). Porque después que los judíos consiguieron resistirle a Antíoco, y derrotar a una buena parte de su ejército, Partia (que está al Este de Israel) se rebeló contra éste, y por lo tanto, Antíoco tuvo que concentrar parte de sus fuerzas al Este ( por Irán), y fue ahí que murió de una enfermedad en 164 a.C. También, según Daniel el pueblo judío sería libertado por acción del Arcangel Miguel y los muertos en fidelidad resucitarían en gloria, y los apóstatas para castigo:

1 En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. 2 Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. 3 Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad. 4 Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.(Daniel 12:1-3)

Pero fue la rebelión de Judas Macabeo que libertó al pueblo de la opresión de Antíoco,  sin haber resurrecciones y sin la intervención del Arcanjel Miguel.  Por supuesto, los cristianos dicen que estos versículos que no se ajustan a la historia, ya no aplican a Antíoco Epífanes, sino al futuro anticristo que intentará destruir a los cristianos  al final de los tiempos, donde Miguel ayudará a los cristianos. De esta manera, saltan más de 2000 años a partir del versículo 40, sin reconocer que  el falso profeta falló cuando quiso realmente profetizar. Todo indica que el autor del libro de Daniel, comenzó su libro durante la tensión del año 167 a.C., y terminó el capítulo 11 y 12 antes del éxito de la   rebelión de Judas Macabeo, que dio surguimiento a la  dinastía hasmonea, que le dió un siglo de independencia al pueblo judío. Así, el falso Daniel falló en “profetizar” el desenlace, anunciando un falso fin del mundo  dando comienzo a la era mesíanica.  Escribió esto, aparentemente, con el apuro de darle fuerza moral y un pronto futuro victorioso a la resistencia judía que se veía desamparada. El autor fue muy astuto al escribir que el ángel le dijo que “cierre las palabra y selle el libro hasta el tiempo del fin”. De esta manera se justificaría la aparición de un libro que era desconocido en el pasado. Pero el autor quería que sus lectores creyeran que había sido escrito por un tal Daniel del siglo VI a.C. que había recibido estas visiones que aplicarían en el conflicto con Antíoco Epífanes en la mitad del siglo II a.C.

El libro no es coherente en todos sus capítulos. Por ejemplo, en el capítulo 8, el que contiene la profecía del carnero y el macho cabrío,  “predice” correctamente  la reededicación del templo, pero con la fecha incorrecta. El templo fue profanado el 6 de Diciembre del 167 a.C. (1 Mac. 1:54), que es el 15 de Kislev, y los judíos rebeldes lo reededicaron el 25 de Kislev del 14 de Diciembre del 164 a.C. (1 de Mac. 4:52). Pero el falso Daniel predice que los sacrificios del templo estarían interrumpidos por 2300 tardes y mañanas, que es 1150 días, o tres años más 55 días (compare con los tres tiempos y medio de Daniel 7). Lo cual fijaría la reededicación para el 30 de Enero del 163 a.C., más de un mes después de la fecha real.

Conclusión

El libro de Daniel muestra  extraordinaria precisión profética de sucesos del siglo II a.C. y falla  al describir  hechos el siglo VI a.C. cuando supuestamente fue escrito el libro.  El hecho de que el libro de Eclesiástico, de comienzos del siglo II a.C., liste a los profetas y héroes de Israel y omita a Daniel, es una fuerte evidencia que indica que  el libro de Daniel era desconocido antes del siglo II a.C. Así,  su  autor  tuvo que ser un judío que escribió un libro apocalíptico durante el período de persecución de Antíoco Epífanes. Por lo tanto, es absurdo pensar que es un libro de profecías auténticas, y peor aún es especular sobre sus fallidas profecías para aplicarlas a nuestro tiempo. Una de las agrupaciones religiosas modernas  que cometen este error es la de los Testigos de Jehová.

 

 

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