Jesús el testigo de Jehová apocalíptico

No se puede culpar del todo a los Testigos de Jehová por sus falsas predicciones del fin del mundo. En realidad, ellos están imitando a los primeros cristianos que eran seguidores de Jesús, un falso profeta cuyo mensaje era que todos debían dejar sus proyectos personales porque el Reino de Dios vendría dentro de muy poco, y que muchos de los que escuchaban a Jesús verían al Hijo del Hombre viniendo para poner fin al mundo y establecer el Reino del dios  Yahvé en la Tierra:

Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del Hombre. (Mateo 10:23)

El Hijo del Hombre es el mesías judío predicho por el también falso profeta Daniel. No está claro si Jesús creía que él mismo era el Hijo del Hombre de Daniel, o sus discípulos posteriormente a su muerte lo identificaron como tal. La idea era que este “Hijo del Hombre”, según Daniel, iba instalar un Reino terrenal em reemplazo a los reinos terrenales anteriores:

13 Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. 14 Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido. (Daniel 7:13-14)

Lo que es claro es que este texto de Mateo dice que Jesús pensaba que el Hijo del Hombre vendría dentro de muy poco. Sobre esto,  el ex sacerdote y teólogo católico Franz Griese mostró en su libro “La Desilusión de un Sacerdote”, que en los tres primeros evangelios 6 profecías enfatizaban la pronta venida de Jesús:

En todas estas profecías que hemos citado hasta ahora, no hay ninguna indicación o insinuación de la fecha del Juicio Final. En cambio veremos a continuación seis profecías del mismo Cristo, que expresan esa fecha, no con precisión numérica, señalando el día del terrible acontecimiento, pero sí, con una exactitud completamente Determinada y al alcance del control de todo el mundo. Pues Cristo prometió en cada una de estas seis profecías, que iba a volver en la generación contemporánea y cuando aún algunos de sus apóstoles viviesen.

Y sobre la profecía mencionada arriba de Mateo 10:23, Franz Griese nos dice:

En efecto, si Cristo iba a volver tan pronto al Juicio Final, si, según sus propias palabras, los apóstoles hasta aquel momento no podrían terminar ni siquiera la conversión de la Palestina; ¿qué objeto tenía entonces una conversión del mundo que en ningún caso hasta su vuelta, podía realizarse? Y así vemos que Cristo considera que tanto su propia tarea, como la de los apóstoles, consiste tan sólo en convertir a los judíos y hasta prohíbe a sus apóstoles predicar el evangelio a los paganos. He aquí sus palabras: “No vayáis a los paganos, sino a las ovejas perdidas de Israel” (Mat. 15:24).

Vemos que el Jesús histórico no es el que nos pinta la iglesia de tradición paulina, osea, un Jesús que quiere la conversión de los paganos. Esto nunca pasó por la cabeza de Jesús, porque en su pensamiento no habría tiempo para eso. Y entonces,  ¿porqué al final del evangelio de Mateo Jesús dice que hay que bautizar a todas las naciones con la fórmula trinitaria, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo? :

 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; (Mateo 28:19)

La respuesta es simple, Jesús nunca dijo eso. Si no, no tendría sentido que Lucas relate en el libro de Hechos que Pedro al principio no comprendía que los no judíos tuvieran que ser bautizados (Hechos capítulo 10). Por ejemplo, el teólogo católico Raymond E. Brown lo admite:

Si esa expresión se hubiese elaborado inmediatamente después de la resurrección precisamente con esas mismas palabras, el libro de los Hechos resultaría casi ininteligible, ya que entonces no habría existido ninguna razón para que los seguidores de Jesús hubiesen tenido la más mínima duda de que él quería que se hicieran discípulos entre los gentiles. Sin embargo, el debate sobre la aceptación de los gentiles continuó a lo largo de los veinte primeros años de cristianismo. Igualmente, si como sugiere el texto de Mateo, una forma tan completa para el bautismo como la de «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu santo» se hubiera conocido inmediatamente después de la resurrección, la expresión ordinaria que encontramos en todo el nuevo testamento de bautizar en nombre de Jesús se hace más difícil de entender. Más bien, lo que encontramos en Mateo como las últimas palabras en labios del Señor resucitado es una comprensión de la misión que el Señor dio a sus discípulos que sólo quedó clara tras muchos años de esfuerzos por la conversión de los gentiles y después que una reflexión mostrara hasta dónde llegaba la comunión entre el Padre y el Hijo y el Espíritu santo, de modo que el bautismo en el nombre de Jesús era obra también del Padre y del Espíritu. (Raymond E. Brown, 101 Preguntas y Respuestas sobre la Biblia)

Otro académico que sabe que Jesús no pudo haber dicho esto es Antonio Piñero, profesor de la Universidad Complutense de Madrid:

El texto de Mateo está en todos los manuscritos, pero es imposible que pertenezca al Jesús histórico, porque refleja unas creencias y, en general, una teología, que es totalmente impropia del Jesús histórico, judío y de creencias judías. A él jamás se le pasó por la cabeza un planteamiento de un Dios trinitario ni tampoco una misión universal. Su concepción del reino de Dios era puramente judía, reservada a Israel y acá en la tierra. (ver blog de A. Piñero)

Tal como lo dice Antonio Piñero, Jesús creía que vendría pronto en poco tiempo un reino terrenal en Israel. En consecuencia de esta creencia de Jesús, el libro de Apocalipsis de Juan, escrito por un judeocristiano a finales del siglo I, habla de un reino terrenal de mil años (Apocalipsis 20:4). Pero al ir pasando la generación de Jesús sin ver al Hijo del Hombre (o a Jesús mismo) regresando en Gloria, algunos escritores cristianos tuvieron que ir cambiando la teología apocalíptica de Jesús poco a poco. El famoso académico del Nuevo Testamento, Bart Ehrman, comenta sobre esto en su libro “Jesús, el profeta judío apocalíptico”:

…las fuentes más antiguas registran a Jesús proclamando un mensaje apocalíptico. Pero es muy interesante que las tradiciones apocalípticas más antiguas fueron “bajadas de tono” cuando nos alejamos de la vida de Jesús. Permítanme dar un ejemplo. Ya he aclarado que Marcos es nuestro más antiguo evangelio y fue usado como fuente para el evangelio de Lucas (junto con las fuentes Q y L). Es relatívamente simple ver cómo las tradiciones más antiguas de Marcos se fueron diluyendo en las manos de Lucas. Interesantemente, algunos antiguos énfasis apocalípticos se fueron enmudeciendo. En Marcos 9:1, por ejemplo, Jesús dice: “Verdaderamente les digo, que hay algunos de los que están aquí que no probarán la muerte antes que vean el Reino de Dios venido en poder”. Lucas asume este verso, pero es digno de notar lo que hizo con él. Él sazona las últimas palabras, de modo que Jesús dice símplemente: “Verdaderamente les digo que hay algunos de los que están aqui que no probarán la muerte hasta que vean el Reino de Dios” (Lucas 9:27). La diferencia es sutil, pero de hecho significativa: porque ahora Jesús no predice la llegada inminente del Reino en poder, sino que símplemente dice que los discípulos (en algún sentido) verán el Reino. Y sorprendentemente, en Lucas (pero no en nuestra más temprana fuente, Marcos), los discípulos realmente ven el Reino, pero no venido en poder. Porque según Lucas, el Reino ya ha “llegado a ustedes” en el propio ministerio de Jesús (Lucas 11:20, no en Marcos), y es dicho estar “en medio de ustedes” en la persona de Jesús mismo (Lucas 17:21, también no en Marcos).

Permítanme enfatizar que Lucas continua pensando que el fin del mundo va venir en su propia generación. Pero el no piensa que este vendría durante la vida de los compañeros de Jesús. Por qué no?. Evidentemente porque Lucas escirbió esto después que ellos murieron y supo obviamente que el fin no vino. Entonces, para tratar con el retardo del fin, él hizo los cambios apropiados en las predicciones de Jesús.

Como nota Ehrman, Lucas tuvo que suavizar las falsas profecías fallidas de Jesús para que sigan teniendo relevancia en sus lectores. Por eso, Jesús no dijo que el reino era su presencia, sino algo real. Pero Lucas tuvo que inventar esa idea para borrar parcialmente la escatologia obsoleta.  Por ejemplo, en el capitulo 14 de Marcos, cuando Jesús es juzgado frente al sumo sacerdote se dice que:

60 Entonces el sumo sacerdote, levantándose en medio, preguntó a Jesús, diciendo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? 61 Mas él callaba, y nada respondía. El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dijo: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?  62 Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.

Pero Lucas omite que Jesús sería visto por el sumo sacerdote viniendo en las nubes del cielo:

Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios. (Lucas 22:69)

Ya para fines del siglo I, y principios del siglo II, es muy claro que la profecía de Jesús de que “esta generación no pasará” había que dejarla de mencionar. Para este fin el Evangelio según Juan se escribió mostrando a otro Jesús. El Jesús del Cuarto Evangelio corrige la idea de que los cristianos tengan que esperar un juicio y resurrección futura porque dice:

El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. (Juan 3:18)

En el evangelio según Juan desaparece el énfasis en el Reino de Dios que se lee en los tres evangelios anteriores. El discurso apocalíptico de estos tres primeros evangelios es omitido por el Cuarto. Más bien, su teología se basa en que ya está salvo quien cree en Jesús:

24 De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.

25 De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.

26 Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo;

27 y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.

28 No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;

29 y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.
(Juan 5:24-29)

Los dos últimos versículos anteriores citados (Juan 5:28-29), que están en rojo,  son una interpolación de otro autor, tal como lo destaca el artículo “The Interpolations in the Fourth Gospel” del Journal of Biblical Literature (vol 40, pag. 146-158, (1921)). Hay varias interpolaciones en el Evangelio según Juan. Note que Juan 5:28 es incompatible con Juan 5:25. El que interpoló no estaba de acuerdo con el Jesús joanino. Para uan,  el autor principal del Cuarto Evangelio, la vida eterna es un concepto atemporal de caracter ético, algo opuesto al pensamiento original de Jesús. Por ejemplo, Juan evangelista  hace decir a Jesús :

De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte. (Juan 8:51)

Este Jesús nos dice que la vida eterna se puede disfrutar aqui y ahora. Veamos otras  interpolaciones en el Cuarto Evangelio.  Leamos por ejemplo estos dos versículos:

1 Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan 2 (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),
(Juan 4:1-2)

Podemos ver que el versículo 2 fue añadido para contradecir al versículo 1 que dice que Jesús bautizaba. Y además, contradice plénamente a otro  versículo del mismo evangelio:

Después de esto, vino Jesús con sus discípulos a la tierra de Judea, y estuvo allí con ellos, y bautizaba. (Juan 3:22)

Esto prueba que hubo por lo menos un editor que añadió versículos a la versión original de este evangelio.  El que interpoló Juan 4:2 no quería que Jesús bautizara igual que Juan el bautista.

Por otro lado, en el evangelio de Tomás, el autor pretende también mostrar que Jesús no se preocupa por ningún reino institucional divino:

Jesús ha dicho: Si aquellos que os guían os dijeran, “¡Ved, el  Reino está en el Cielo!”, entonces las aves del Cielo os precederían. Si  os dijeran, “¡Está en el mar!”, entonces los peces del mar os precederían. Más bien, el Reino de Dios está adentro de vosotros y está fuera de vosotros. Quienes llegan a conocerse a sí mismos lo  hallarán y cuando lleguéis a conoceros a vosotros mismos, sabréis que sois los Hijos del Padre viviente. Pero si no os conocéis a vosotros mismos, sois empobrecidos y sois la pobreza. (Evangelio de Tomás, dicho 3)

Podemos ver el contraste con la tradición antgua en donde Jesús sí cree en un reino institucional físico:

Y Jesús les dijo: En verdad os digo que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, os sentaréis también sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. (Mateo 19:28)

Pero para el Jesús de Tomás, el reino no es una cosa visible, sino espiritual:

Sus discípulos le dicen: ¿Cuándo vendrá el Reino? Jesús dice: No vendrá por expectativa. No dirán, “¡Mirad aquí!” o “¡Mirad allá!”. Sino que el Reino del Padre se extiende sobre la tierra y los humanos no lo ven. (dicho 113)

Esto está en claro contraste con las palabras escritas en Marcos capítulo 13, donde todos verían a Jesús viniendo en gloria antes que terminara la generación contemporánea a Jesús:

26 Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria.

27 Y entonces enviará sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

28 De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.

29 Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.

30 De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

Es interesante leer el testimonio de Papías que es un cristiano de comienzos del siglo II. El no prestaba mucha atención a los evangelios, en vez de eso, prefería la tradición oral de los presbíteros, que según el,  habían escuchado a los apóstoles:

No dudaré en ofrecerte, ordenadas juntamente con mis interpretaciones, cuantas noticias un día aprendí y grabé bien en mi memoria, seguro como estoy de su verdad. Porque no me complacía yo, como hacen la mayor parte, en los que mucho hablan, sino en los que dicen la verdad; ni en los que recuerdan mandamientos ajenos, sino en los que recuerdan los que fueron mandados por el Señor a nuestra fe y proceden de la verdad misma. Y si se daba el caso de venir alguno de los que habían seguido a los ancianos, yo trataba de discernir los discursos de los ancianos: qué había dicho Andrés, qué Pedro, qué Felipe, qué Tomás o Santiago, o qué Juan o Mateo o cualquier otro de los discípulos del Señor; igualmente, lo que dice Aristión y el anciano Juan, discípulos del Señor. Porque no pensaba yo que los libros pudieran serme de tanto provecho como lo que viene de la palabra viva y permanente
(Eusebio, Hist. Ecl. III, 39,3-4)

Ireneo, escribió en la segunda mitad del siglo II, que conoció los escritos de Papías, y cita una porción donde Papías cuenta que Jesús describió la abundancia material del fututo reino terrenal:

La bendición así predicha pertenece indudablemente a los tiempos del Reino, cuando los justos se levantarán de los muertos y reinarán, cuando también la creación renovada y liberada de servidumbre producirá una gran abundancia de alimento de todas clases, del rocío del cielo y la gordura de la tierra; como los ancianos, que vieron a Juan el discípulo del Señor, refieren que oyeron de él que el Señor acostumbraba enseñar respecto a aquellos tiempos y decir:

Vendrán días en que crecerán vides, cada una de las cuales tendrá diez mil brotes, y cada brote diez mil ramas, y cada rama diez mil ramitas, y en cada ramita diez mil racimos, y en cada racimo diez mil granos, y cada racimo, una vez prensado, producirá veinticinco medidas de vino. Y cuando alguno de los santos habrá tomado en la mano uno de estos racimos, otro gritará: Yo soy un racimo mejor; tómame, bendice al Señor a través de mí. Del mismo modo, un grano de trigo producirá diez mil espigas, y cada espiga tendrá diez mil granos, y cada grano diez libras de harina fina, brillante y limpia, y los otros frutos, semillas y hierbas producirán proporciones similares, y todos los animales, usando estos frutos que son productos del suelo, se volverán pacíficos y armoniosos, obedientes al hombre en toda sujeción.

De estas cosas Papías, que fue un oyente de Juan y un compañero de Policarpo, hombre respetado, dio testimonio por escrito en el cuarto de sus libros, porque compuso cinco. Y añadió, diciendo:

Pero estas cosas son creíbles a los que creen. Y cuando Judas el traidor no creyó, y preguntó: ¿Cómo van a ser realizadas estas cosas por el Señor?, refiere que el Señor le dijo: Lo verán los que lleguen a estos (tiempos).

Queda claro que la tradición más antigua le atribuía a Jesús un concepto de en un Reino Terrenal que llegaría muy pronto, pero que aun no estaba presente. Un reino que invertiría la condición privilegiada de los poderosos para hacer justicia con “los últimos”, los pobres:

29 Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, 30 que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en la era venidera la vida eterna. 31 Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros.
(Marcos 10:29-31)

Antonio Piñero comenta sobre este punto:

El «reino de Dios según Jesús», tal como veremos, es un evento concreto, visible, en el que toma cuerpo en esta tierra el reinado de Dios con signos previos, un acontecimiento que exige para su realización no sólo un grupo humano sobre el que reinar y que acepte la soberanía divina, sino también un territorio sobre el que ha de manifestarse ese «reino» con sus consecuencias sociales, religiosas y económico-sociales, es decir, su contenido, sus características materiales y espirituales, las necesidades de tiempo y de espacio, aunque tales extremos no se puedan determinar siempre con exactitud sobre la base de los datos evangélicos.

Al fallar la predicción de Jesús, que el reino de Dios vendría dentro de su generación, algunos escritores cristianos tuvieron que ir modificando  sus palabras, y otros incluso cambiaron totalmente su visión del reino terrenal venidero a uno totalmente de caracter ético y espiritual impalpable materialmente, como  venido ya en los corazones de los creyentes. Pero esto no pertenece al pensamiento del Jesús histórico (ver más detalles textuales en esta página   de Antonio Piñero).

En esto los testigos de Jehová están parcialmente en lo correcto, en el sentido de que Jesús no enseñó un concepto del reino como algo que uno lleva en el corazón espiritual. Pero lo que no admiten es que Jesús falló en su profecía de que este reino vendría en su generación, y reinventan deshonestamente otros conceptos para mantener una falsedad, repitiendo en el siglo XX y XXI el delirio fantasioso de los primeros judeocristianos.

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