¿Dijo Juan el Bautista que Jesús era el Cordero de Dios? ¿Era él el Profeta Elías?

Juan predicando en el desierto

En el primer capítulo del “Evangelio según Juan”, que es el Cuarto Evangelio, se relata lo siguiente sobre Juan el bautista:

19 Ahora bien, este es el testimonio de Juan cuando los judíos le enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén para preguntarle: “Tú, ¿quién eres?”. 20 Y él confesó y no negó, sino confesó: “Yo no soy el Cristo”. 21 Y le preguntaron: “¿Qué, entonces? ¿Eres Elías?”. Y dijo: “No lo soy”. “¿Eres El Profeta?”+ Y contestó: “¡No!”. 22 Por lo tanto le dijeron: “¿Quién eres?, para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices acerca de ti mismo?”. 23 Dijo: “Yo soy la voz de alguien que clama en el desierto: ‘Hagan recto el camino de Jehová’, así como dijo el profeta Isaías”. 24 Ahora bien, aquellos enviados venían de los fariseos. 25 De modo que le interrogaron y le dijeron: “¿Por qué bautizas, pues, si tú mismo no eres el Cristo, ni Elías, ni El Profeta?”. 26 Juan les contestó, diciendo: “Yo bautizo en agua. En medio de ustedes está de pie uno a quien ustedes no conocen, 27 el que viene detrás de mí, pero a quien no soy digno de desatar la correa de su sandalia”. 28 Estas cosas sucedieron en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando. 29 Al día siguiente contempló a Jesús que venía hacia él, y dijo: “¡Mira, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo! 30 Este es aquel de quien dije: Detrás de mí viene un varón que se me ha adelantado, porque existió antes que yo. 31 Ni siquiera yo lo conocía, pero la razón por la cual yo vine bautizando en agua fue para que él fuera puesto de manifiesto a Israel”. 32 Juan también dio testimonio, y dijo: “Vi el espíritu bajar como paloma del cielo, y permaneció sobre él. 33 Ni siquiera yo lo conocía, pero El Mismo que me envió a bautizar en agua me dijo: ‘Sobre quienquiera que veas el espíritu descender y permanecer, este es el que bautiza en espíritu santo’. 34 Y yo [lo] he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”.

De lo leído arriba, podemos extraer dos afirmaciones importantes que hizo el autor de este evangelio. La primera es que Juan el bautista niega ser Elías. La segunda es que Juan el bautista afirma ser “la voz de alguien que clama en el desierto: ‘Hagan recto el camino de Jehová’, así como dijo el profeta Isaías”. El versículo al que se refiere Juan el bautista es el Isaías 40:3 que dice:

¡Escuchen! Alguien está clamando en el desierto: “¡Despejen el camino de Jehová! Hagan recta la calzada para nuestro Dios a través de la llanura desértica.

El Evangelio según Marcos, que es anterior al de Juan, también relaciona este versículo de Isaías con Juan el bautista:

1 [El] principio de las buenas nuevas acerca de Jesucristo: 2 Así como está escrito en Isaías el profeta: “(¡Mira! Envío a mi mensajero delante de tu rostro, que preparará tu camino;) 3 ¡escuchen!, alguien clama en el desierto: ‘Preparen el camino de Jehová, hagan rectas sus veredas’”. 4 Juan el bautizante se presentó en el desierto, predicando bautismo [en símbolo] de arrepentimiento para perdón de pecados. 5 Por consiguiente, todo el territorio de Judea y todos los habitantes de Jerusalén salían a donde él, y eran bautizados por él en el río Jordán, y confesaban abiertamente sus pecados. 6 Ahora bien, Juan estaba vestido de pelo de camello y con un cinturón de cuero alrededor de los lomos, y comía langostas insectiles y miel silvestre. 7 Y predicaba, diciendo: “Después de mí viene alguien más fuerte que yo; no soy digno de agacharme y desatar las correas de sus sandalias. 8 Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará con espíritu santo”. (Marcos 1:1-8)

Podemos notar que Marcos no solo relaciona a la voz en el desierto de Isaías 40:3 con Juan el bautista, sino que lo identifica también con “el mensajero” mencionado en el capítulo 3 del libro de Malaquías:

He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos. ¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores. Y se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y traerán a Jehová ofrenda en justicia. (Malaquías 3:1-3)

Marcos se equivocó al decir que fue Isaías quien escribió esto. Pero fuera de este error, es claro que Marcos identifica a Juan el bautista con “el mensajero” que prepara el camino de Jehová. En el capítulo 4 Malaquías indirectamente nos dice que este mensajero que vendrá es Elías:

5 ”¡Miren! Les envío a Elías el profeta antes de la venida del día de Jehová, grande e inspirador de temor. 6 Y él tendrá que volver el corazón de padres hacia hijos, y el corazón de hijos hacia padres; para que yo no venga y realmente hiera la tierra con un dar[la] por entero a la destrucción.”(Malaquías 4:5-6)

Por lo tanto, el Cuarto Evangelio nos muestra a  Juan el bautista contradiciéndose  cuando niega que él es Elías. Inclusive, el Evangelio según  Mateo afirma cláramente que Jesús dijo que Juan era Elías:

7 Mientras estos iban por su camino, Jesús comenzó a decir a las muchedumbres respecto a Juan: “¿Qué salieron a contemplar en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? 8 Entonces, ¿qué salieron a ver? ¿A un hombre vestido de prendas de vestir suaves? ¡Si los que llevan prendas de vestir suaves están en las casas de reyes! 9 Verdaderamente, pues, ¿por qué salieron? ¿A ver a un profeta? Sí, les digo, y mucho más que profeta. 10 Este es aquel acerca de quien está escrito: ‘¡Mira! ¡Yo mismo envío a mi mensajero delante de tu rostro, que preparará tu camino delante de ti!’. 11 En verdad les digo: Entre los nacidos de mujer no ha sido levantado uno mayor que Juan el Bautista; mas el que sea de los menores en el reino de los cielos es mayor que él. 12 Pero desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos es la meta hacia la cual se adelantan con ardor los hombres, y los que se adelantan con ardor se asen de él. 13 Porque todos, los Profetas y la Ley, profetizaron hasta Juan; 14 y si ustedes quieren aceptarlo: Él mismo es ‘Elías, que está destinado a venir’. 15 El que tiene oídos, escuche. (Mateo 11:7-15)

Por consiguiente, el autor del Cuarto Evangelio identifica indirectamente a Juan con Elías, pero menciona que Juan no creía serlo. Parece más razonable pensar que en realidad Juan el Bautista nunca se identificó con esos versículos de Isaías y Malaquías que los Cristianos citaban. Ni él ni sus discípulos pensaron que él era Elías.  El historiador Judío del siglo I, Flavio Josefo, desconoce totalmente tal identificación en Juan:

Porque Herodes lo mató, aunque [Juan] era un hombre bueno y [simplemente] invitaba a los judíos a participar del bautismo, con tal de que estuviesen cultivando la virtud y practicando la justicia entre ellos y la piedad con respecto a Dios. Pues [sólo] así, en opinión de Juan, el bautismo [que él administraba] sería realmente aceptable [para Dios], es decir, si lo empleaban para obtener, no perdón por algunos pecados, sino más bien la purificación de sus cuerpos, dado que [se daba por supuesto que] sus almas ya habían sido purificadas por la justicia. (Flavio Josefo, Las Antigüedadess judías, L. 18, cap. 5.2)

Entonces, es lógico pensar que fueron los cristianos quienes asociaron a Juan con Elías, para justificar teológicamente la relación que tenía con Jesús, y el porqué Jesús fue bautizado por él. Por ejemplo,  biblistas modernos, tal como Ariel Álvarez Valdéz, creen que Jesús fue primeramente discípulo de Juan el bautista, pero después se apartó de su grupo para continuar un prédica independiente, también apocalíptica, pero más en las ciudades, y no alejado en el desierto. En palabras de Ariel Álvarez :

En efecto, sabemos que Jesús aceptó el mensaje de Juan, al igual que muchos otros israelitas, puesto que se hizo bautizar por él como lo relatan los evangelios sinópticos (Mt 3,13-17; Mc 1,9-11; Lc 3,21-22). ¿Pero cómo fueron los hechos? ¿Qué pasó después del bautismo? Según los tres evangelios sinópticos, en ese momento bajó el Espíritu Santo sobre Jesús proclamándolo públicamente Hijo de Dios, y luego Jesús se alejó del lado del Bautista para hacer 40 días de ayuno en el desierto y empezar a dedicarse de lleno a su propia misión de predicar el Reino. ….¿Pero fue exactamente así? El cuarto evangelio parece ofrecer una versión distinta. Si lo leemos atentamente podemos encontrar ciertos indicios que muestran que Jesús no se alejó inmediatamente de Juan, sino que se quedó algún tiempo integrando el círculo más íntimo de sus discípulos. ….El primer indicio lo tenemos en Jn 1,28-30. Allí el evangelista dice que Juan estaba bautizando en la localidad de Betania, al este del río Jordán, y añade: “Al día siguiente (Juan el Bautista) vio a Jesús venir hacia él, y dijo: «¡Miren!, éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. A Él me refería yo cuando dije: después de mí viene un hombre que es más importante que yo, porque existía antes que yo»”. Para el cuarto evangelio, el bautismo de Jesús no existió, porque no lo cuenta. Ahora bien, ¿qué hacía Jesús aquél día en Betania, en medio del desierto, si no había ido a hacerse bautizar? ¿Por qué andaba entre los discípulos de Juan, cuando éste lo señaló como el Cordero de Dios? El cuarto evangelio calla. No da ninguna explicación. Pero el sentido natural del relato parece sugerir que Jesús se encontraba allí porque formaba parte de los discípulos del Bautista. …Un segundo indicio lo tenemos en el relato siguiente (Jn 1,35-57), en el que dos discípulos de Juan el Bautista, Andrés y otro anónimo (que por el contexto se deduce que es Felipe), reconocen a Jesús como Maestro y empiezan a seguirlo. Luego, estos dos discípulos invitan a otros dos (Pedro y Natanael) para que también ellos se adhieran al nuevo Maestro. Pero ¿cómo es que Andrés, y los otros discípulos del Bautista, conocen a Jesús en ese ambiente? La razón debió ser porque Jesús, al igual que estos otros discípulos, formaba parte del mismo grupo. En efecto, antes de que Jesús se hiciera bautizar, era un perfecto desconocido. Si en un determinado momento algunos discípulos del Bautista lo abandonaron a éste para seguir a Jesús, es lógico suponer que Jesús llevaba en ese ambiente el tiempo suficiente como para que los discípulos del Bautista pudieran conocerlo y se sintieran impresionados por Él.

En este artículo nos inclinamos a creer que el  Juan  bautista que nos presentan los Evangelios, especialmente el Cuarto, es un Juan que el autor ha cristianizado,  que identifica a Jesús como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Pero estas palabras no pudieron pertenecer a Juan. Ni Jesús tampoco creyó que Juan era Elías. Todo esto es un invento posterior de los cristianos para ajustar la historia a su teología. Lo cierto es que el mensaje de Jesús era parecido al de Juan el bautista. Por ejemplo, Juan proclamaba “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:2), y Jesús también decía:

“Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”(Mateo 4:17),

“El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio”. (Marcos 1:15)

Por consiguiente, el mensaje apocalíptico de que el reino vendría a Israel, era común en Juan y Jesús. Otra actividad en común era el de bautizar. El autor del Cuarto Evangelio relata una disputa entre los discípulos de Jesús y de Juan:

25 Por consiguiente, se suscitó una disputa de parte de los discípulos de Juan con un judío acerca de la purificación. 26 De modo que vinieron a Juan y le dijeron: “Rabí, el hombre que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú has dado testimonio, fíjate, este está bautizando, y todos están yendo a él” (Juan 3:25-26)

Los discípulos de Juan observaron celósamente que Jesús estaba bautizando igual que su maestro. Sin embargo, esto no tendría sentido si Juan hubiera realmente dicho que Jesús era “el Hijo de Dios” y “el Cordero de Dios” que quitaría el pecado del mundo, tal como está escrito en el capítulo 1 del Cuarto Evangelio. La realidad es que Juan nunca dijo eso, y por eso sus discípulos no consideraban a Jesús como el Mesías, sino que cuestionaban su doctrina. Por supuesto, el autor del Cuarto Evangelio acomodó el hecho histórico escribiendo que Juan aclaró de nuevo a sus discípulos que Jesús era el hijo de Dios, y por eso no debían tener celos de él (Juan 3:28-36).

bapti

Por otro lado, a un copista posterior no le gustó que Jesús bautizara al igual que Juan. Entonces añadió el versículo que ahora conocemos como Juan 4:2

aunque, en realidad, Jesús mismo en ningún caso bautizaba, sino sus discípulos (Juan 4:2)

Esto contradice a lo dicho en el capítulo 3 del mismo Evangelio, donde los discípulos de Juan afirmaban que Jesús bautizaba. Incluso al inicio del capítulo 4 se menciona que los fariseos también sabían que Jesús bautizaba. Entonces, no sería lógico escribir después que él no hacía esto. Sin duda, Juan 4:2 es una corrección posterior al evangelista para no reconocer que Jesús imitó algo de la doctrina de Juan.

Si Juan hubiera declarado a sus discípulos que Jesús era el Cristo o Mesías, hijo de Dios, ellos habrían seguido fielmente lo que Jesús hacía, y nunca lo habrían cuestionado, tal como muestra el Evangelio según Mateo:

Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan? (Mateo 9:14)

Una vez más, este cuestionamiento contradictorio  nos ayuda a entender que Juan el bautista nunca dijo a sus discípulos  que Jesús era el Mesías, y fue por eso que continuaron existiendo paralelamente discípulos de Juan, mientras Jesús predicaba. Al parecer, Juan continuó teniendo seguidores incluso algunas décadas después de su muerte, mientras la secta cristiana iba aumentando seguidores paralelamente.

Entonces, ¿qué podemos decir de las siguientes palabras de Pablo en el libro de Hechos?:

“Juan bautizó con el bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyeran en el que había de venir después de él, es decir, en Jesús”. (Hechos 19:4)

El libro de Hechos, lo escribió Lucas, pero si estas fueron realmente palabras de Pablo, no sabemos. No obstante, Pablo  aqui no está diciendo que Juan dijo que Jesús era el Cristo, sino que “creyeran en el que había de venir después de él”, y después Pablo añade que es Jesús. Esto realmente es una explicación teológica posterior a Juan  bautista, pero no significa que este   identificó a Jesús como el Mesías.

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